En la era de la rápida innovación, es fácil centrarse en avances espectaculares: coches autónomos, gafas de realidad virtual o robots humanoides. Pero bajo la superficie, se está produciendo una revolución más silenciosa y generalizada. Las tecnologías cotidianas se integran a la perfección en nuestras rutinas, transformando nuestra forma de vivir, trabajar e interactuar, a menudo sin que nos demos cuenta.